
Una antigua residencia situada sobre lo que fue la histórica Librería Cervantes es el próximo edificio protegido del centro de Salamanca que se va a convertir al uso turístico, en este caso, como parte de un proyecto para dedicar el inmueble a apartamentos turísticos. Para ello, existe un anteproyecto que incluye la rehabilitación y adecuación al nuevo uso de lo que ha sido una residencia de estudiantes.
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La transformación de edificios protegidos del cento de la ciudad para alojamientos y usos vinculados al turismo es algo ya habitual. Este será uno más de esos edificios protegidos que pasan cambian a otros usos en el centro de Salamanca, entre los que hay desde conventos a tiendas y un molino, pero es el primer caso en el que el inmueble en cuestión es uno de los pocos de influencia art-dèco que se conservan en la ciudad.
El proyecto llegó a finales de recién terminado 2023 a manos de la Comisión Técnico Arstítica, encargada de tramitar estos expedientes. Afecta al número 13 de la calle Azafranal, donde ahora mismo se ubica un restaurante y que, en sus planteas superiores, albergaba una residencia que ha cesado su actividad.
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La comisión ha recibido una solicitud de información en un momento previo, en fase de anteproyecto, por parte de un promotor para la reforma y adecuación del inmuble para apartamentos turísticos. Llegó poco antes de la última reunión de la comisión y será estudiado próximamente.
El proyecto contempla modificación del portal y escalera para hacerlos accesibles, sustituir y unificar carpinterías exteriores y de patios para unificarlos, redistribución de la terraza del ático e instalación de climatización.
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El edificio consta de planta baja, tres pisos y una planta ático y ha estado ofrecido en alquiler en los últimos tiempos a mil euros por planta y mes.
La planta inferior acogía el área de papelería de un emblema de la ciudad, la conocida Librería Cervantes, que ocupaba este inmueble y el del número 11, tan característico y todavía sin uso. El negocio cerró hace años (el 1 de enero de 2017) dejando un inmenso vacío en la cultura local que, por fortuna, han ido cubriendo otras librerías.
En todo el catálogo de edificios protegidos de Salamanca apenas se recogen media docena de ejemplos de arquitectura art-dèco, con el museo de la Casa Lis como principal estandarte, aunque el palacio que alberga la colección es modernista. En este caso, el de Azafranal 13 es un edificio de cuatro alturas, con 135 metros cuadrados por cada una de las tres plantas y 75 en la planta ático, con la inferior dedicada al negocio ya citado y las otras destinadas a uso residencial.
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Según su ficha, está datado en 1932, así que se aproxima a los cien años de antiguedad. Es obra de Ricardo Pérez, arquitecto autor de otras notables construcciones del mismo estilo, como la que alberta en su planta baja a un conocido restaurante de la plaza del Peso.
Este edificio, de influencia art-dèco según su ficha, conserva en buen estado características como su ornamentación y es un ejemplo escaso de este período histórico. En la zona se cuentan algunos otros ejemplos de elementos de este estilo en edificios de la misma época, dos de ellos en la cercana calle Pozo Amarillo.
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El proyecto se une a los que afectan a numerosas edificaciones protegidas en el entorno de Azafranal, Pozo Amarillo y Correhuela, donde existe un amplio catálogo de arquitectura del siglo XX con no menos de una veintena de edificios protegidos de valiosos estilos y arquitectos.
Se encuentran en la zona ejemplos de historicismo, racionalismo de posguerra, eclecticismo, edificios con elementos art-déco y neoplateresco. Y que son obra, entre otros, de Santiago Madrigal y Francisco Gil. Algunos de ellos se encuentran en una situación similar a este chaflán, como el edificio racionalista de Azafranal 14, obra de Joaquín Secall y donde está proyectada una rehabilitación; o el propio edificio del Hotel Monterrey, pendiente de ejecutar un proyecto para convertirlo en pisos y garajes.
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También hay casos de rótulos históricos, como el de la Perfumería Venus, frente a este edificio esquina Pozo Amarillo-Correhuela, del que se debería conservar el cartel ya que se considera uno de los más peculiares del patrimonio comercial.
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