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Una de las joyas de la arquitectura moderna en Salamanca, el Colegio Mayor Hernán Cortés, ha sido reconocido con la placa del DoCoMoMo, la fundación que se dedica a la difusión y protección del patrimonio arquitectónico contemporáneo. Lo ha sido esta semana con motivo del Día Mundial de la Arquitectura, para cuya conmemoración se han colocado numerosas placas por toda España; en nuestra ciudad, se ha hecho con esta construcción que ya contaba entre las del catálogo de la mejor arquitectura moderna de Salamanca.
A través del Colegio de Arquitectos de León, con sede en la ciudad, la organización ha escogido este edificio salmantino como uno de los que recibían una placa acreditativa como edificio paradigmático de la arquitectura. Se convierte así en un homenaje a su autor, Antonio Fernández Alba, fallecido este año, el arquitecto salmantino que restauró la Plaza Mayor y que ha dejado una enorme huella de su talento en la ciudad a través de sus obras.
Esta iniciativa se realiza de forma ininterrumpida desde 2012 y, con las de esta edición, en la que se colocarán 35 placas, se alcanza un total de 425 repartidas en España. En Salamanca son una docena los edificios que forman parte del registro y la esta peculiar construcción recibe este año una de las placas que designa a los ejemplos más notables del estilo.
Este año el edificio elegido es el colegio Hernán Cortés, uno de los clásicos universitarios de la ciudad y de las más destacadas de las varias obras que Fernández Alba tiene en la lista Docomomo. Se emplaza sobre el trazado de la antigua muralla medieval de Salamanca, con un desnivel de cinco metros de altura asentado en la muralla que orienta las vistas del edificio en la dirección perpendicular a la fortificación, hacia la vega del río Tormes, gracias a la altura defensiva del emplazamiento. Fue construido entre 1970 y 1971 por el arquitecto Antonio Fernández Alba.
El colegio consta de dos bloques iguales, A y B, para un total de 192 universitarios. Ambos cuerpos se conectan por una planta semienterrada de espacios dotacionales que aprovecha la orografía para desaparecer, semienterrada, entre la calle de San Vicente y el Paseo de San Vicente. El programa desarrolla tres tipos de habitaciones: unas de mayor ocupación, dobles y triples en planta baja, otras dobles en pisos intermedios y, finalmente, individuales en las últimas plantas, para investigadores y postgraduados.
Estos son el resto de edificios de Salamanca reconocidos por el movimiento de la arquitectura moderna.
Gonzalo Ramírez Gallardo, José Antonio López Candeira
Una construcción muy peculiar, en la avenida Filiberto Villalobos, pero a un paso de la zona monumental. Levantado entre 1964 y 1968, acoge en la actualidad la Escuela de Arte y Superior de Conservación y Restauración de Salamanca. Es obra de Gonzalo Ramírez Gallardo, José Antonio López Candeira y fue reconocida con su placa en 2023.
Pocos edificios de Salamanca resultan más ajenos a la morfología general de la ciudad que la Escuela de Artes y Oficios, caracterizada por una clara geometría diagonal, huecos quebrados en esquina y llamativas carpinterías amarillas cuya razón de ser son las circulaciones y la orientación.
Antonio Fernández Alba
Una de esas construcciones modernas ocultas a los ojos del viandante. Proyecto de Antonio Fernández Alba ejecutado entre 1958 y 1962, fue Convento de las Madres Franciscas Descalzas, Convento de las Clarisas y Monasterio de la Purísima Concepción.
El edificio trata de imponer una geometría contundente a un entorno carente de edificaciones. Para ello, contrapone la geometría neutra y cartesiana del volumen de dormitorios a una geometría libre que es la ocupada por la capilla como volumen que jerarquiza toda la composición. El patio principal, a diferencia de los que encontramos en la mayoría de los monasterios, se resuelve de un modo dinámico y cierra uno de sus extremos con un elemento de poca altura para permitir las vistas; se adapta al terreno con una sucesión de plataformas y escalinatas.
Lo que ahora es una residencia de mayores, titularidad de la Junta, y que pronto recibirá el relevo de la nueva sede en Puente Ladrillo, fue levantado como Convento-Noviciado de la congregación de Dominicas de Nuestra Señora de las Viñas. Fue obra de Fray Francisco Coello de Portugal Acuña en 1965.
El esquema general del edificio se resume en una pastilla rectangular adosada a un claustro. El edificio se sitúa cerca del extremo septentrional de la parcela con el objetivo de concentrar la zona de recreo en el lado sur del conjunto, que disfruta de las mejores vistas. Los sucesivos añadidos, junto con la desaparición de la capilla original, representan una dificultad añadida para la lectura del proyecto original en la actual residencia de ancianos.
Un edificio residencial que, a pesar de estar a escasos metros de la Plaza Mayor, no renuncia a la innovación. Fue obra de Alejandro de la Sota en 1965 y destaca por sus curiosas ventanas.
El edificio se ubica en un solar de forma irregular compuesto por dos bloques en ángulo, uno abierto a la calle de Prior y otro a la calle del Prado. Al desembocar la calle de Prior en la plaza Mayor, la normativa obligaba al uso de la característica piedra de Villamayor.
A pesar de ello, se inserta en la fachada un cubo ingrávido, una forma próxima a las de las vanguardias clásicas en un edificio que recurre a la fábrica clásica. Hoy se ha perdido el hermoso zócalo de vidrio sin carpintería, práctica solución a las necesidades comerciales de los almacenes Olmedo, y se han desvirtuado parcialmente los miradores que permitían una visión tangencial e inferior al eliminar los montantes de las esquinas resueltas con metacrilato curvado. La fachada a la calle del Prado, en la que se sitúa la entrada a las viviendas, presentaba un paño acristalado, hoy prácticamente perdido.
Genaro de Nó
Este edificio inaugura el denominado período racionalista en Salamanca, obra de Genaro de No Hernández en 1935.
El edificio tiene cuatro plantas, la primera para la vivienda y clínica del dueño del inmueble, y el resto aloja dos viviendas por planta. La construcción es decididamente moderna: cimientos de hormigón, soportes y carreras de hierro, pisos de hierro de doble T con rasilla y ceniza de relleno, tabique de distribución de rasilla y muros de fábrica revocados.
Eduardo Lozano Lardet
Uno de los clásicos de Gran Vía y plaza España, obra de Eduardo Lozano Lardet que lo ejecutó entre 1934 y 1936. Es uno de los ejemplos más notables de arquitectura en la histórica calle salmantina, siempre a la sombra en valoración del centro declarado patrimonio mundial.
Es una vivienda residencial de uso colectivo con un local en su planta baja por el que han pasado varios negocios, entre ellos, un conocido concesionario de motocicletas que rivalizaba con el que había de otra marca en la acera de enfrente.
Francisco Gil
Otro ejemplo característico de construcción civil en un entorno ya protegido, pero lejos de la monumentalidad del resto del centro de Salamanca. Convive en la misma zona con otros ejemplos racionalistas y con edificios protegidos. Obra del arquitecto Francisco Gil en 1935.
Genaro de No Hernández, Rafael Bergamín Gutiérrez
Uno de los edificios más desconocidos y característicos de la arquitectura moderna en Salamanca. Se trata del Hospital de los Montalvos, levantado como sanatorio para el tratamiento de la tuberculosis. Data del período previo a la Guerra Civil y se escogió una finca en Carrascal de Barregas, con la capital a la vista.
Su edificio principal es como un gran buque y conserva buena parte de sus valores arquitectónicos originales. Es obra de Genaro de No Hernández, que remató un proyecto original de Rafael Bergamín Gutiérrez y tiene una historia apasionante.
El hospital se divide en varios edificios aislados. El de mayor tamaño alberga el pabellón hospitalario en un edificio único con un gran número de camas. Un gran pasillo recorre el edificio en dirección este-oeste.
Antonio Fernández Alba
Un convento atípico, obra de Antonio Fernández Alba. Situado una parcela de fuerte pendiente en Cabrerizos que mira que a la meseta charra y la vega del río Tormes, el proyecto se confía a la articulación longitudinal de sus elementos individuales: iglesia, celdas y refectorio, concatenados en un sistema axial de agrupación de volúmenes singulares.
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