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La calle La Marina ha empezado a despedirse de los coches para dejar sitio a las obras que transformarán su entorno con la llegada de un nuevo supermercado y la rehabilitación de un edificio residencial, que se desarrollan al tiempo. Un proceso que llevará aproximadamente un año y que terminará con un cambio sustancial en esta calle, algo que reclamaban hace tiempo los vecinos, y modificaciones en el tráfico de la zona y en el paseo de Canalejas.
De momento, este lunes un tramo de la calle ha pasado a estar vallado por obras. El pasado viernes aparecieron los primeros carteles y señales que anunciaban el inicio de los trabajos. La actividad se centra ahora en la puerta de garaje que conserva el antiguo edificio de los números 5, 7 y 9 y que será la entrada al parking del supermercado cuando abra.
Los portales de Canalejas y una calle lateral, Otumba, aparecían con un aviso por parte de Mercadona, titular del gran local donde se va a instalar uno de sus nuevos supermercados. La empresa advertía a los vecinos del inicio de las obras de mejora a partir de este lunes, 31 de marzo. Según fuentes de la empresa, por ahora son obras que afectan al edificio y en breve empezarán las del 'super'. Se concreta, además, que las obras arrancarían con trabajos de desamiantado, aunque este edificio no figura en el mapa de edificios con amianto que se centra en los que tienen asbestos en su cubierta.
El supermercado ya tiene la licencia solicitada, que le permitirá abrir como establecimiento de alimentación, parking y venta de comida preparada. Hace cerca de un año ya obtuvo permiso de construcicón. El supermercado se instalará en dos locales que suman unos 1.700 metros cuadrados, tendrá un pequeño parking y le espera al menos un año de obras.
Al tiempo, también se ha concedido licencia para rehabilitar los tres portales de calle La Marina, números 5, 7 y 9, para un proyecto con seis pisos por portal, fachada ventilada y renovación total de instalaciones. Ambos inmuebles, local del futuro supermercado y edificio, están unidos por el interior y han corrido 'vidas paralelas' a la hora de tramitar licencias.
Así que esperan meses de mucho trabajo en esta calle, encajada entre el paseo de Canalejas y el parque de los Jesuitas. De momento, se ha cortado al tráfico la calle y parte de ella ya no está disponible para aparcar. El giro se seguirá haciendo en la calle Otumba, pero desde la calle Álava ya no se podrá salir hacia arriba.
De forma provisional, será una incomodidad para vecinos y usuarios, ya que tiene bastante tráfico por la proximidad con un colegio y un hotel y el hecho de ser de los pocos sitios cerca del centro donde se puede aparcar sin poner el ticket de la zona azul. Pero a la larga solucionará la yincana de giros y direcciones, aunque cambiará el tráfico en la zona.
La solución en el futuro va a ser mantener el sentido único en dirección bajada hacia calle Álava, en la zona del colegio Padre Manjón; se verá si basta con esto para ganar el ancho suficiente o si hay que retirar alguna plaza de aparcamiento o se puede ampliar el ancho de la acera. El cambio tendrá que estar listo, según condiciones del ayuntamiento, cuando abra al público el establecimiento, pero oculta el reto de poner orden en una maraña de calles que dan acceso a un colegio y dos hoteles y salida a Canalejas.
Así, actualmente el giro desde el paseo de San Antonio hacia La Marina sólo está permitido si vienes de Canalejas, haciéndolo a la derecha; el primer tramo es de sentido único, con una primera calle de salida que es dirección prohibida (La Albuera) y una segunda que sí permite salir a la derecha hacia el paseo (Otumba).
Desde esa intersección, la calle es de doble sentido y muy estrecha. Si se cambia a simple sentido, será de bajada hasta calle Álava, que es dirección prohibida, donde hay que hacer una chicane para subir por Ayacucho hacia Canalejas o seguir por calle Imperial y salir por Calatañazor al paseo.
Hace tiempo que los vecinos piden actuar en esta vía que, a pesar de su estrechez, es de doble sentido. Cuando se cruzan vehículos en ambos sentidos se pone de manifiesto que no caben en una calle que, además, admite aparcamiento en los dos lados. La idea es que, cuando termine la obra y empiece a funcionar el supermercado, la calle quede definitivamente con la configuración citada más arriba, en sentido único y con más espacio.
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