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Duki y Abraham Mateo tienen en común que son dos de las estrellas emergentes de la música urbana. Argentino uno, español el otro, les unen dos carreras fulgurantes, los millones de seguidores en redes, los grandes espectáculos y un dato técnico: ambos son capaces de disparar el sonómetro en sus actuaciones por encima de los 100 decibelios. La última vez que lo han hecho ha sido, respectivamente, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid y en la Plaza Mayor de Salamanca. El volumen de su música tiene trascendencia en ambos casos y abre un debate: ¿se deben usar para una función que no es la prevista?
Por ahora, el estadio del Real Madrid se queda sin conciertos hasta que se apliquen medidas que rebajen el volúmen acústico que se emite al exterior. Los vecinos llevaban quejándose desde que empezaron en mayo porque se superan con amplitud los 55 decibelios legales, 45 en horario nocturno, lo que perturba sus vidas.
En el caso de la Plaza Mayor, los conciertos de Ferias y Fiestas (y los que se celebraron en junio) no parecen afectados por los límites legales que, de manera excepcional, se dan por asumidos en fiestas; también hay vecinos que viven en la plaza, aunque no quejas. La plaza, por cierto, también se usa para multitud de actos porque, como ocurre ahora con el estadio, su función principal no es la única: está ocupada dos de cada tres días del año y se pide hasta para rezar.
La música que escuchan los vecinos del Bernabéu y la que se emite en la Plaza Mayor estos días alcanza y supera los 100 decibelios, muy por encima del límite legal. Son circunstancias diferentes porque en la plaza salmantina sólo se celebran unos pocos conciertos concentrados en dos semanas, mientras en el estadio van a ser todo el año. Y aunque las molestias no sean las mismas, el monumento sufre el ruido y las vibraciones que se generan.
El mismo día que el Real Madrid decidía aplazar todos los conciertos que ha empezado a celebrar en su renovado estadio, Abraham Mateo atronaba la Plaza Mayor en uno de los espectáculos más esperados de las Ferias y Fiestas de Salamanca. Poco después de la hora prevista, sus temas alcanzaban un pico por encima de los 100 decibelios dentro del recinto, nivel que se extendía a las calles de acceso.
Durante el concierto, Salamancahoy hizo tres mediciones con una aplicación que funciona como sonómetro; hay muchas y es similar a la que usan los vecinos del Bernabéu para sus denuncias. Dos de las mediciones, una en el interior de la plaza (soportales, junto a la oficina de Turismo) y otra desde una calle de acceso, la del Prior (a la altura del Burger King), superan los 100 decibelios; la tercera, desde el arco del Corrillo, se queda en 94.
Ese mismo registro, en torno a 100 decibelios, midieron los vecinos del estadio merengue en los ensayos de Duki, el concierto con el que se despide por ahora el auditorio Bernabéu. Después, el anuncio del aplazamiento de los conciertos, al menos, hasta marzo, 240.000 asistentes afectados y la búsqueda de nuevas fechas por parte de los artistas.
Es el último capítulo de una polémica que arrancó en mayo con los primeros conciertos, como el de Taylor Swift, que pusieron en guardia a los vecinos. Agrupados en una asociación, se han movilizado y también han llevado el caso a los tribunales; la empresa que gestiona el uso del estadio como auditorio y su administrador están imputados por presunto delito medioambiental por los conciertos del Bernabéu.
Ahora, el club va a acelerar la implantación de medidas que palíen la salida de sonido al exterior con la instalación de paneles que hagan de cortina acústica, pero parece difícil que lleguen a cumplir la emisión al exterior de 55 decibelios, o 45 en horario nocturno; ya se limitaron los conciertos a las 23.00 horas sin conseguirlo.
Los vecinos han tomado la vída judicial alegando la imposibilidad de descansar y el alto volumen que llega a sus viviendas en día de concierto; circulan vídeos en los que las canciones de los conciertos se escuchan perfectamente incluso con las ventanas cerradas. También lamentan que el hecho de que el estadio tenga más actividades que la celebración de partidos de fútbol ha incrementado los problemas en el entorno, desde suciedad a peleas.
Por contra, no parece que vaya a ocurrir algo similar en el caso de la Plaza Mayor a pesar de que es el centro de una zona sensible, donde las molestias acústicas ya han provocado protestas de los vecinos. El ruido de bares, restaurantes y terrazas y el de las discotecas de madrugada complica mucho el descanso, pero el Ayuntamiento de Salamanca no parece dispuesto a declarar una zona acústica limitada y se va a centrar en vigilancia y sanciones.
La Plaza Mayor tampoco se libra de otros problemas añadidosa pesar de que cuenta con una ordenanza propia que no logra cumplir su función de proteger el monumento. Aunque la normativa limita los actos posibles, el caso es que está siempre llena. Nunca se ha analizado el daño que los conciertos con música alta pueden hacer al monumento.
Son frecuentes las micciones y gamberradas, varias personas han sido sancionadas por tirar comida al suelo. La plaza, que es monumento nacional y centro de la declaración de Salamanca como Patrimonio de la Humanidad, sufre una enorme presión por la circulación de furgonetas y camiones en horario de carga y descarga, las contínuas actividades, el montaje de escenarios, el quita-y-pon de los bancos de piedra... En el pasado ya sufrió rozaduras en sus arcos y se tuvo que arreglar todo su pavimento por el deterioro que sufría provocado por el tráfico de vehículos cargados.
Los 100 decibelios de Abraham Mateo los igualará este sábado (si no los supera) la actuación de Omar Montes. Mientras miles de salmantinos disfrutan de su concierto, uno de los símbolos de la ciudad sufrirá en sus piedras casi tricentenarias ruido y vibraciones. Porque si los conciertos del Bernabéu el problema es lo que se escapa fuera, en Salamanca el daño es de la plaza hacia dentro. Dos caras de la misma moneda, la sobreutilización de recintos no pensados inicialmente para lo que se usan.
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Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
María Díaz y Álex Sánchez
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