Hasta 1985, la URSS seguía marcada por la herencia estalinista, la práctica del poder no tenía nada que ver con la democracia, la sociedad no transitaba entre la igualdad, la fraternidad, ni la libertad de Zinoviev y la burocratizada economía no respondía a las necesidades ... de una sociedad urbana que había cambiado mientras que el sistema político luchaba para no cambiar. Ésta era la URSS del «joven elocuente, inteligente y enérgico», Mijaíl Gorbachov cuando llegó al poder. A sus 54 años, su carrera había sido de un clasicismo ejemplar y su prudencia de gran relevancia. Como todo secretario general principiante, tuvo que empezar por consolidar su poder en el Partido, en el KGB y en el Ejército.
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El intento de reforma interna que inició en 1985 dio la libertad de expresión (glasnost) a los miles de artistas, científicos e intelectuales que despertaron a la sociedad civil y lograron una revolución política pacífica que culminó con el desmantelamiento de la URSS. La perestroika pasó por dos fases y entró, a mediados de los años 90 del pasado siglo, en una tercera y peligrosa etapa. Entre 1985 y 1987 se consolidó, poco a poco, la glasnost (transparencia, información clara y pública) sin la que no se puede entender todo lo que la siguió y en la que la mayoría de los presos políticos recobraron la libertad. En la segunda etapa (1988-1990) potenció su democracia de «pasos positivos» hacia el desarme, lo que le dio una gran popularidad en Europa y EE UU. A finales de los años 90 comenzó la tercera etapa, ya no de la perestroika sino del Gobierno de Gorbachov, período en el que se sintió más amenazado y en el que se transformó en un político más amenazador frente al mundo.
La perestroika fue más efectiva en política (sobre todo internacional) que en economía, cuando su meta era económica; no consolidó la fuerza estratégica político-militar de la URSS, sino que provocó su ruina, y propició algo que la estrategia soviética quiso impedir desde 1945, la formación de una poderosa Alemania unida. Sin Gorbachov no hubiera sido posible. Pero sin los hombres que lo aprovecharon y lo llevaron a cabo, tampoco. Gorbachov surgió y trabajó en la lógica del sistema soviético, pero a él le tocó dar la puntilla a un sistema esclerotizado. Artífice y víctima a partes iguales, la historia juzgará su legado.
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